Algunas imágenes de Letras del Sótano 2012

Blogs de integrantes del taller

En septiembre nos aventuramos en un viaje distinto, directamente relacionado con la escritura pero sin serlo: la creación de un blog personal para cada participante de los tres grupos presenciales, de modo de que cada uno tenga a partir de ahora cierta “independencia editorial” para dar a conocer sus textos. La experiencia fue increíble. Una veintena de planetas flamantes se sumaron a la -para algunos, hasta ese momento- misteriosa blogósfera, y comenzó una interacción interesante, visitas cruzadas, tips compartidos y recursos descubiertos.

Lo más gratificante fue comprobar que aun la gente mayor de sesenta años es capaz de entendérselas con estas nuevas herramientas si se les explica adecuadamente qué pasos dar (¡y eso a pesar de protestas infinitas o declaraciones de incompetencia que resultaron falsas al final del proceso!). Ahora todos estos participantes del taller autogestionan sus publicaciones en línea y tienen la posibilidad de compartir lo que escriben más allá del ámbito privado de nuestros grupos.

Esta aventura cibernética estuvo acompañada de orientación para promover el blog una vez creado utilizando alta en buscadores, redes sociales e intercambio en foros: existir en la gigantesca telaraña de internet. Los invitamos a darse una vuelta por estos espacios personales de escritura, que comenzaron en torno a dos consignas colectivas: mini ficciones con la temática de los cuentos de hadas (serie Sapos y princesas) y relatos breves de viajes pasados (serie On the road). Los blogs están listados como directorio en una sección fija de esta bitácora para que puedan visitarse.

Nuestros escritores tutelares, espíritus habitantes de otros tiempos, sin duda se hubieran sorprendido con estas nuevas herramientas que hasta a los nómadas digitales nos siguen pareciendo de otro planeta. Hoy, para quien  escribe, saber moverse en internet, hallar información y tejer redes, pero  sobre todo dar a conocer lo que se hace (sin depender de editoriales inaccesibles ni gastos de autopublicación) es cada vez más necesario: se va convirtiendo en parte importante del formato material de la creación literaria. Tan indispensable como antes lo fueron el papel, la pluma, la tinta misma. Aunque el alma de lo que se escribe, claro, no venga incluida en el paquete.

dante

Un taller literario diferente

Ahora sí: ¡arrancaron los talleres de motivación literaria de este año! Esta semana cada grupo ha inaugurado su espacio, hemos charlado sobre los criterios de funcionamiento para ir creando una comunidad en la que prime la confianza entre sus integrantes, y también empezado a traer sobre la mesa algunos temas que seguramente retomaremos a lo largo de este año. Usamos el clásico levreriano “Bajo la lluvia, un hombre con un paraguas se acercó…” para hacer un ejercicio breve, distentido e inaugurar la pluma en conjunto, si bien por ser el primer día la lectura fue sin comentario. Es curioso que el año pasado empezamos el taller de los jueves con este mismo disparador, y prácticamente llovió durante el resto de los encuentros! Les dije a los participantes que estaba emprendiendo un (muy científico, claro) experimento meteorológico, que si este año sucede algo similar prometo llevarlo a alguna institución digna de estudiar semejante invocación infalible al dios Tlaloc. Recuerdo ahora a aquel presidente municipal de Zacatecas que, desesperado por la sequía durante años (vacas muertas, cosechas perdidas) y habiéndolo intentado todo, todo, decidió exponerse al escarnio público y contrató un chamán para que hiciera llover en sus tierras.

Llovió.

Después al chamán lo contrataron de otras ciudades ¿qué iban a hacer? Muchas veces, en México el gobierno ha tenido que declarar zona de desastre a la mitad del país por sequía, en simultáneo con zona de desastre a la otra, por inundación. Un país intenso, de eso no hay duda. En Uruguay la naturaleza y las fuerzas divinas pasan desapercibidas, salvo por el mal clima. Son asuntos humanos -como querer llevar toda la basura acumulada en las casas y tirarla en la puerta de ADEOM- lo que entretiene nuestros calendarios.

Pero, claro, lo que es solución en un lugar no siempre se aplica a otro. También en el DF contrataron a Giuliani para combatir la delincuencia, en vistas a su éxito en NYC. Le pagaron millonadas, pero hasta la delincuencia resulta más ordenada, predecible y bien portada en el Primer Mundo que en Latinoamérica. El pobre se fue cual chamán excomulgado (pero con las arcas llenas, claro).

Una integrante del taller de la tarde señaló atinadamente que este disparador de los paraguas está publicado en la web de Letras Virtuales con varios textos, incluso algunos míos, y es verdad! No lo recordaba. Tengo tres “Historias de la lluvia” en el libro El mar de Leonardi y otras humedades, las tres producto de esta consigna levreriana hace un siglo y medio, y la verdad es que no disimulan para nada su origen pues el disparador está integrado en el texto de una de ellas (un disparate: es preciso “maquillar” si se usa la consigna de un taller). Son jugueteos minimalistas, con traducción al inglés y todo. También hay varios fragmentos seleccionados de las primeras generaciones del taller virtual que llevamos adelante con Levrero desde 2001: “Los mejores paraguas del taller”. Desde luego, a lo largo de los años llegaron muchos, muchos más que merecerían estar allí quizás con mayor derecho, pero estos tienen un valor afectivo, podría decirse. Es hermoso ver la diversidad de estilos de la gente, lo que cada imaginación puede encontrar, los señores con paraguas que transitan en nuestras calles secretas. Eso ya se empezó a ver el lunes y el martes en los tres grupos donde estuvimos lloviznando…

Como parte de “Los mejores paraguas del taller”, también seleccioné un texto de Levrero sobre paraguas, así todos teníamos presencia en esa metáfora lluviosa.

Pues bienvenidos sean, integrantes 2008! Empieza un nuevo viaje, distinto, como todos. Como hasta mediados de año no tendremos “simposios” (esos encuentros de selección, reescritura, evaluación en profundidad y corrección de textos producidos durante el mes, que son los que alimentan esta Bitácora), los visitantes y habitués tendrán que esperar un poco más para leer nuevos relatos. De todos modos, hay muchos y de muy buena calidad de nuestro trabajo del año pasado; seguramente tendrán para entretenerse en el archivo, además de que seguiremos publicando algunas noticias. Durante esta primera mitad del año, en el taller priorizamos la motivación para la escritura creativa, el desbloqueo, el contacto con diversos estímulos literarios; después, ya más firmes, podremos darnos el gusto (o tomar el riesgo, según) de concederle un silla al Crítico/Corrector durante uno de los cuatro encuentros que tenemos cada mes. Pero no más, no vaya a ser que se nos convierta en un convidado de piedra que después causa intimidantes páginas en blanco y espontaneidad castrada con sus ojos pétreos de Medusa.

Ver más:

Los mejores paraguas del taller
(seleccionar del menú EL TALLER)

El mar de Leonardi y otras humedades, de Gabriela Onetto

Texto seleccionado de octubre (taller jueves): BEBÉ LOBO



Bebé lobo

Juana Flores

En la oscuridad se escucha la voz suave, dulce, algo quebrada, de un hombre que no llego a ver bien. Su voz no lucha por un espacio en el tiempo ni toma carrera trémula; se hace presente para mí con una fuerza obvia, como se hace presente la luna llena a la mirada de los amantes nocturnos.

* * *

Estoy “en tránsito”; haciendo tiempo en una ciudad que no conoceré. Descubro la magia de la música en mis auriculares. Las creaciones del hombre de la voz dulce y quebrada me acompañan y no me siento sola. Saco mi cuaderno; comienzo a escribir: “La banda suena mientras la chica de los masajes, a mi derecha, pierde su mirada en el infinito de ventanales gruesos que la separan de la pista, de la noche.”

Recuerdo su última visita. Llegó a casa con un gorro de lana que le tapaba las orejas y un rompevientos oscuro. Atravesó la puerta con la cabeza gacha y mirando a los ojos. Tiene cara de topo pero alma de lobo herido. Subió por un té que luego no aceptó tomar; me hizo reír hasta que habló de su enojo del sábado anterior. Insinúa haber hecho lo que no quería. Fantaseo con varias escenas más o menos tristes, pero luego simplemente me quedo con esa sensación de fraude, de vacío ante uno mismo.

Los viajantes pasan tironeando de sus pertenencias, haciendo rodar sus valijitas y yo sigo escribiendo:

Arquetípico abrazo;
tu boca en mi cuello,

y el pecho que sube y que baja.

Tu cabeza en mi regazo;

engarce de brazos y manos.

Una paz, un mimo, una cercanía.

Al lado mío dos mujeres cuidan de un bebé, igual que lo hacía yo con mi amiga Alicia cuando jugábamos a las muñecas. Las observo absorta en la poesía de las canciones. Me acuerdo de Cohen, y después de Whitman, y siento que escribir es tan natural como el bebé, como la desazón de la chica de los masajes, como el aullido que no escuchamos, pero intuimos, tras los gruesos ventanales.

* * *

En medio del pecho siento un calor desmedido, el corazón me late a una velocidad inusitada. Es miedo al miedo separando poco a poco la epidermis de mi cuerpo, alejándome de mis límites físicos. Es el recuerdo del miedo actuando con una premura y en forma ingobernable para la mujer encerrada. Ella abre las ventanas, se moja la cara, se quita el abrigo, se bebe un trago fuerte. Ella sabe que todas las acciones inevitables, irremediables, necesarias para una supuesta supervivencia, no hacen más que alejarla de sí, de mirarse a la cara, de encontrarse y abrazarse.

Por fin suena el timbre. La voz suave del otro lado; un alivio.
Me pongo una remera de manga larga, algo más acorde a la temperatura ambiente, me seco la cara e intento semejar cierta normalidad. Imposible. Ya lo había llamado veinticinco minutos antes, contenida pero desesperada.

Ahora el abrazo no es arquetípico; es envolvente, es salvador, es necesario. Intento desarrollar en palabras un esquema comprensible pero sé que es como querer atrapar sus noches de lobo. Lo importante es que mi mano derecha se zambulle en medio de un pecho caliente, de un nido que calma mi corazón embravecido.

Mientras tanto, imagino que podríamos darnos amor como los gatos. Ellos levantan las manitos y se tocan, enroscan los cuellos, sacan las garras, se alejan y erizan la cola, vuelven olisqueándose, pendientes uno del otro, amando la libertad, gustando de la noche, de exhibir su belleza, de darla. Y sin embargo con ese dolor ineludible de la vida.

Yo los entiendo demasiado. Soy otro gato deseoso de meter constantemente mi cabeza en un cuello protector y amante, en un cuello que huela a piel lavada, a dulzura triste, a hombre con mirada profunda y olor a madera. Pero no somos gatos y conozco bien esos cabeceos de felino.

Entonces me separo y voy por mis escritos. Elijo algo y comienzo a leer. Estamos cerquita pero mediados por objetos, protegidos por ellos. Me doy cuenta de que me patina algo la lengua y me causa gracia. Él también ríe. Por un rato no hay bebés, lobos ni gatos. Solo nos disfrutamos, mientras la luna llena brilla afuera para otros.