Algunas imágenes de Letras del Sótano 2012

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Texto seleccionado de noviembre (taller de los lunes)

Renacer y morir

Edgar Dattoli

La crisálida ya es casi transparente, señal de que pronto todo estará listo para la partida. Desde un árbol cercano, el murciélago observa y espera ansioso el despertar de su banquete. En la oscuridad, el lobo con ojos de fuego acecha con sigilo a un pequeño lince, quien ya tiene sus patas traseras flexionadas y listas para el salto, a punto de hacer del murciélago un bocado digno.

«Ya es hora», piensa el búho mientras observa la escena desde la copa de un árbol.

La crisálida florece y el insecto, aún débil, deja asomar sus antenas y luego su cabeza. Con esfuerzo logra sacar todo el cuerpo. Enseguida extiende sus magnificas alas, ya plenas de color; solo necesita unos instantes para fortalecerse y emprender su viaje. El murciélago se percata del movimiento y se deja caer para volar en busca de la presa; en ese instante el lince salta y, detrás de él, los ojos incandescentes del lobo.

El silencio frágil se quiebra con gritos de bestias, ramas rotas, chillidos y aletear de pájaros que huyen desde otras copas. Luego silencio otra vez.

El búho gira completamente su cabeza a un lado y luego al otro, como inspeccionando los alrededores; deja su rama y aletea con gracia sobrevolando el lugar.
La escena está manchada de rojo por todas partes. Huele a tierra, algunas hojas caen y débiles quejidos se pierden en la brisa.

Cuando la nube de polvo y hojas se disipa, el búho logra ver al murciélago que yace sobre una piedra apenas vivo, herido de muerte por un certero arañazo en el cuello provocado por la garra del lince. El lobo sacude sus patas traseras, pero solo es reflejo post mortem: la ansiedad del salto en busca de una presa fácil lo enfrentó por sorpresa a una rama fuerte que ahora atraviesa su corazón. En su boca cuelga el cuerpo del pequeño lince con el cráneo aplastado por una mordida precaria, pero fatal.

Luego de rodear la escena dos veces, con oscura habilidad y elegancia sombría, el búho se posa frente a la mariposa, que aún vive. Pero a merced del ave y sin fuerzas para volar.

El cuerpo no es más que un medio de volverse temporalmente visible.
Todo nacimiento es una aparición.
AMADO NERVO


Un taller literario diferente

Ahora sí: ¡arrancaron los talleres de motivación literaria de este año! Esta semana cada grupo ha inaugurado su espacio, hemos charlado sobre los criterios de funcionamiento para ir creando una comunidad en la que prime la confianza entre sus integrantes, y también empezado a traer sobre la mesa algunos temas que seguramente retomaremos a lo largo de este año. Usamos el clásico levreriano “Bajo la lluvia, un hombre con un paraguas se acercó…” para hacer un ejercicio breve, distentido e inaugurar la pluma en conjunto, si bien por ser el primer día la lectura fue sin comentario. Es curioso que el año pasado empezamos el taller de los jueves con este mismo disparador, y prácticamente llovió durante el resto de los encuentros! Les dije a los participantes que estaba emprendiendo un (muy científico, claro) experimento meteorológico, que si este año sucede algo similar prometo llevarlo a alguna institución digna de estudiar semejante invocación infalible al dios Tlaloc. Recuerdo ahora a aquel presidente municipal de Zacatecas que, desesperado por la sequía durante años (vacas muertas, cosechas perdidas) y habiéndolo intentado todo, todo, decidió exponerse al escarnio público y contrató un chamán para que hiciera llover en sus tierras.

Llovió.

Después al chamán lo contrataron de otras ciudades ¿qué iban a hacer? Muchas veces, en México el gobierno ha tenido que declarar zona de desastre a la mitad del país por sequía, en simultáneo con zona de desastre a la otra, por inundación. Un país intenso, de eso no hay duda. En Uruguay la naturaleza y las fuerzas divinas pasan desapercibidas, salvo por el mal clima. Son asuntos humanos -como querer llevar toda la basura acumulada en las casas y tirarla en la puerta de ADEOM- lo que entretiene nuestros calendarios.

Pero, claro, lo que es solución en un lugar no siempre se aplica a otro. También en el DF contrataron a Giuliani para combatir la delincuencia, en vistas a su éxito en NYC. Le pagaron millonadas, pero hasta la delincuencia resulta más ordenada, predecible y bien portada en el Primer Mundo que en Latinoamérica. El pobre se fue cual chamán excomulgado (pero con las arcas llenas, claro).

Una integrante del taller de la tarde señaló atinadamente que este disparador de los paraguas está publicado en la web de Letras Virtuales con varios textos, incluso algunos míos, y es verdad! No lo recordaba. Tengo tres “Historias de la lluvia” en el libro El mar de Leonardi y otras humedades, las tres producto de esta consigna levreriana hace un siglo y medio, y la verdad es que no disimulan para nada su origen pues el disparador está integrado en el texto de una de ellas (un disparate: es preciso “maquillar” si se usa la consigna de un taller). Son jugueteos minimalistas, con traducción al inglés y todo. También hay varios fragmentos seleccionados de las primeras generaciones del taller virtual que llevamos adelante con Levrero desde 2001: “Los mejores paraguas del taller”. Desde luego, a lo largo de los años llegaron muchos, muchos más que merecerían estar allí quizás con mayor derecho, pero estos tienen un valor afectivo, podría decirse. Es hermoso ver la diversidad de estilos de la gente, lo que cada imaginación puede encontrar, los señores con paraguas que transitan en nuestras calles secretas. Eso ya se empezó a ver el lunes y el martes en los tres grupos donde estuvimos lloviznando…

Como parte de “Los mejores paraguas del taller”, también seleccioné un texto de Levrero sobre paraguas, así todos teníamos presencia en esa metáfora lluviosa.

Pues bienvenidos sean, integrantes 2008! Empieza un nuevo viaje, distinto, como todos. Como hasta mediados de año no tendremos “simposios” (esos encuentros de selección, reescritura, evaluación en profundidad y corrección de textos producidos durante el mes, que son los que alimentan esta Bitácora), los visitantes y habitués tendrán que esperar un poco más para leer nuevos relatos. De todos modos, hay muchos y de muy buena calidad de nuestro trabajo del año pasado; seguramente tendrán para entretenerse en el archivo, además de que seguiremos publicando algunas noticias. Durante esta primera mitad del año, en el taller priorizamos la motivación para la escritura creativa, el desbloqueo, el contacto con diversos estímulos literarios; después, ya más firmes, podremos darnos el gusto (o tomar el riesgo, según) de concederle un silla al Crítico/Corrector durante uno de los cuatro encuentros que tenemos cada mes. Pero no más, no vaya a ser que se nos convierta en un convidado de piedra que después causa intimidantes páginas en blanco y espontaneidad castrada con sus ojos pétreos de Medusa.

Ver más:

Los mejores paraguas del taller
(seleccionar del menú EL TALLER)

El mar de Leonardi y otras humedades, de Gabriela Onetto

Comienzan los talleres 2008!!!

Este año un poco más tarde (entre Carnaval y Semana Santa los talleres de historia personal también se atrasaron, desplazando todo el cronograma), empieza el taller de motivación literaria “permanente” de Gabriela Onetto, que seguirá hasta mediados de diciembre. Tendremos dos grupos, los lunes de 20 a 22 hrs y los martes de 19 a 21. La mayor parte de las integrantes del ex “taller de los jueves” seguirá trabajando en un segundo nivel centrado en los proyectos narrativos individuales, así que casi todos los nuevos participantes serán de nuevo ingreso en esta propuesta. Eso facilita la decisión de quienes no se atreven a incursionar en un taller presencial por temor a no dar con el nivel de quienes tienen más experiencia en el asunto: aún los escritores con trayectoria o con asistencia regular a otros talleres literarios son, en cierto modo, “principiantes” cuando se acercan a este enfoque menos convencional. Hay que animarse y abrirse a esta propuesta, que iremos introduciendo en forma gradual. Por supuesto, también es posible integrarse en cualquier otro momento del año.

Los talleres empiezan el 7 y 8 de abril respectivamente y estamos inscribiendo (de hecho, quedan muy pocos lugares). Más informes en talleres@onetto.net

Esta bitácora no empezará a funcionar como tal hasta mediados de año, cuando los alumnos estén más sueltos en la producción de textos “sin censura del Crítico Interior”, como para poder bancarse una corrección y evaluación a fondo durante nuestros ya legendarios simposios mensuales. Pero seguiremos publicando noticias e información de interés (además de que hay muchos relatos excelentes de la producción 2007 para seguir leyendo, varios de ellos premiados en concursos).

Empezamos la travesía anual…
Escribir es explorar el laberinto, como bien dice nuestra web.

Relato de otoño: Noviembre


Noviembre

Ana Arjona




El renacer, porfiado, se repite.

Deambulo desasida por los jardines. Es noviembre.

Cargo la bolsa con los guantes, la tijera de podar, el serruchito chico. Llevo también la escobilla y el nylon- un trozo del antiguo invernáculo, restos de una gran nave naufragada.

Dice C. que este uso del nylon es uno de mis dos mejores inventos.

Cuando me detengo frente al macizo de strelitzias y finalmente encaro despojarlo de sus hojas y sus flores marchitas, he desplegado el nylon para echar sobre él la poda que al caer resonará como lonjas de metal opacado. Allí voy juntando el esplendor que fue. Las lanzas verdeazuladas de las hojas, las soberbias corolas, aves del paraíso, desafiantes de pájaros terrenales, son hoy sólo tiras marchitas de marrones rojizos.

Todos los colores se tornan castaño cuando la savia deja de latir en sus venas. Cuando sucumben.

Giro y me enfrento a la palma que despliega sus duras hojas como enormes manos plumíferas, deshilachadas. Son de un verde tan tierno porque quieren ocultar sus poderosas garras, esas mandíbulas traicioneras, esos colmillos de madera curvada, lacerantes, al final de sus tallos.

Me acerco y veo, encubiertas en la parte más baja del tronco, dos de esas manos que se han rendido al tiempo y se inclinan amarillentas hacia el suelo. Tan violenta es la sensación de su esbeltez en el aire de la tarde y en el brillo de sus abanicos altos; tanta derrota hay en sus hojas viejas; tanta determinación para morir.

Cruzo el camino ancho que separa el jardín oscuro del laberinto y busco los macizos florecidos de retamas, salpicados y perlados de margaritas del campo, de olor fuerte, casi desagradable. Ellas inventan ese mar alto y blanco, espumoso, que se mece en la brisa. Aunque me parezca raro, están iguales a sí mismas. Crecen y se multiplican apasionadamente.

Nada las detiene.

No habría cómo.

En realidad es bueno que todo estalle como cada año.

Podría pensar en un ceremonial de la vida que se perpetúa.

Tal vez podría hasta pensar, que aquella que las amó y disfrutó, esté sumándose a este mismo revivir.Y me haría bien.

El sol, inexorable, sigue su curso. Ahora le toca pintar desde el oeste con crestas doradas y brillantes, el yuyal que se hamaca gozoso. Si me tendiera allí, en medio de sus surcos; si me taparan con sus mil y una delicadas formas, presiento que sus voces me susurrarían palabras y campánulas, corazoncitos bailadores, brochitas de penachos, alentándome con su belleza para que no olvide que esta luz que va a morir despidiéndose sangrienta, alumbrará mañana.

Los cipreses, los arces rosáceos, los ceibos, las copiosas anacahuitas, me enredan su energía como un collar alado.

Percibo su piedad vegetal. Me abrazo a sus troncos, a sus cuerpos.

A cada uno.

Hurgo en sus corazones. Los siento próximos. Les hablo. Me consuelan.

Hace rato que las herramientas quedaron tiradas sobre el nylon,

al lado de una pila de desfallecientes mástiles y banderitas .

Cruzan los pájaros, los de siempre, el mismo cielo.

Buscan sus exactos nidos. Me anuncian y saludan. Se vuelan cerca o lejos.

La tarde cae.

Es difícil a veces sostener el corazón.