Texto seleccionado de octubre (taller de los martes)

Inmaculada

Gora Sakas

Va hacia el fondo por el pasillo, arrastrando piedritas con la suela del zapato contra el piso. Llega a un asiento vacío y, sin levantar los pies, logra sentarse. Me irrita, no lo puedo evitar, ese sonido de dejadez que raspa y me eriza. Será que me estoy volviendo vieja y maniática.

Antes de llegar a Solymar el ómnibus ya está lleno, todos malhumorados, cargando sus bolsos, con solo dos ideas en la cabeza: conseguir un asiento y llegar. Yo voy sentada al fondo, calculando cómo voy a hacer para bajar entre tantos pasajeros. El gigante que duerme a mi lado bloquea el paso con sus enormes piernas. Decido pararme con tiempo, pido permiso despacito para no molestar. El gigante abre un ojo y corre apenas sus zancas que siguen atravesadas en mi camino. –No paso –le digo–. Refunfuña y trata de recostarse más hacia un lado: por lo visto no piensa pararse. Trato de atravesar una pierna y me quedo trancada ¡Es imposible pasar con semejante valla humana! Suspiro molesta, pero él sigue sentado. Ya que técnicamente no puedo, aplico la fuerza bruta: empujo hacia adelante con violencia hasta lograr estar en el pasillo a la vez que siento en la nuca su mirada de odio.

Mientras me arrimo a la puerta, ya se abalanzó uno sobre el asiento vacío que dejó el gigante al deslizarse hacia la ventanilla para cerrarla de un golpe. ¡Qué manía de cerrar todo cuando vamos apretados como sardina en lata! No corre una gota de aire, si hay un virus bollando no tiene escapatoria. Menos mal que ya me bajo, si no, me daría náuseas tanto encierro. Toco el timbre; en cuanto el ómnibus se detiene, la puerta nos escupe para afuera a los que por suerte zafamos. Aire libre al fin.

Cruzo Gianattasio y voy en busca del Banco República. No sé para qué lado ir pero me imagino que puede estar cerca de la estación de servicio. Camino una cuadra y llego a un Banred. Antes de entrar, la veo peinando a su muñeca junto a unos arbustos, en otro mundo, ajena al peligro, indefensa. Las veces anteriores que pasé por este lugar también estaba. Nuestro primer encuentro involuntario fue hace más de un año, yo salía del cajero y me topé con ella junto a la puerta. Sería de mi altura, un poco más ancha tal vez. Parecía joven, aunque su aspecto descuidado hacía difícil determinar su edad. Ella me miraba fijo, abrazando a su muñeca envuelta en trapos sucios. Permanecimos en silencio las dos, reconociéndonos. Me sentía un poco incómoda, era como una aparición salida de ningún lugar. Tal vez estuviera un poco sugestionada porque acababa de sacar mucho dinero para saldar una deuda y quería hacerlo lo antes posible. Antes de entrar al Banred, había mirado con cautela a mi alrededor para que no me fuera a ver algún rastrillo que pudiera andar por ahí; luego, lista para salir, miré a través del vidrio, que era traslúcido a la altura de mis pies, y no vi a nadie. Sin embargo ella estaba ahí, a menos de dos metros. Yo me quedé quieta hasta que ella dejó de observarme para atender a su bebote. Se fue alejando entre el rugir de los autos y el olor nauseabundo a nafta y gasoil, tan expuesta e invisible a la vez.

Apuré el paso y me fui, cuidando los bolsillos, a resolver mis asuntos pendientes antes de que se me fuera el día.

Nos volvimos a ver cuando retorné a los meses al mismo lugar. Tuve ganas de abrazarla, mecerla en mis brazos como ella a su muñeca. Regalarle algo, al menos, a su soledad desamparada entre tanta indiferencia. Pero no me animé a hacer nada: seguí de largo, hice mis cosas y volví a casa a ocuparme de mis perros, a olvidarme de todo lo demás.

Hoy me la encuentro por tercera vez y otra vez la recuerdo, es como una cachetada en medio de la cara. Me freno, la miro, ella no me ve. Simulo buscar algo, doy unos pasos y tropiezo. Al levantar la vista veo una mujer gorda que me sonríe con ternura, le respondo con una mueca tímida. Entonces entiendo. La mujer niña nunca estuvo sola, su madre cuida autos en el mundo real para que las dos coman. Y mientras tanto, ella atiende a su muñeca en su otro mundo inmaculado, lejos del tránsito y la polución, lejos de todo.


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4 comentarios en “Texto seleccionado de octubre (taller de los martes)

  1. Gora me encantó este relato. El choque de la realidad de tu vida cotidiana , con la ternura de esa “niña mujer” , es impresionante.
    te felicito

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