Texto seleccionado de octubre (taller de los lunes)

Cuando comencé a andar

Susana Segú

Crecí atada a cadenas de silencio ya que mis padres tenían pánico a una comunicación natural, a un gesto jocoso, a una palabra con doble sentido.

Cuando le preguntaba a papá qué hacían esos animales montados, desviaba la mirada y me decía que solo jugaban. Yo miraba azorada a los caballos, tan ausentes en su pastar, con el miembro flácido al aire, mostrándolo impúdicamente; los perros lamiéndose el suyo, tan pulcros ellos; los gatos después de una brutal pelea por la hembra, con el de ellos tan desigual al de los otros. Y el del gallo ¡puf! tan pequeño.

Cuando mayorcita, escuché repetidas veces que mis cuatro tías solteronas aseguraban que lo único que conocían sobre este tema era el de bronce del David.

La estampa austera de mi cuarto de niña solo estaba alterada por la presencia de una cunita de cesto; ahí, un muñeco de goma de ojos móviles, que después de haber dragoneado meses en la vidriera de una juguetería yo misma me regalé. Estaba rebajado porque sus puños se habían agrietado al sol. Junté el dinero con esmero y cuando volví a casa estaba feliz de tener en mis brazos la simiente de mi instinto maternal. Era mío, le inventé ropa, lo arropé, lo mimé. Mamá me espetó que ya era «una grandota» para eso, que tenía que estudiar.

Los eslabones que me ataban iban cediendo a mis ansias de descubrir secretos. Algo decían los ruidos de la noche, en la pieza de mis padres. Con mi hermana, después de acallar la risa y los nervios, nos íbamos descalzas hasta el tope de la escalera, pegado a su puerta. Nos tentábamos por la torpeza. ¿Qué veríamos? Nada, por supuesto, pero escuchábamos otras palabras, otros tonos. Aprendimos que había otros contactos y que había suspiros que se desprendían del alma por el juego del placer de dos cuerpos jóvenes. Yo volvía a la cama con más peso, con los ojos muy abiertos por la incertidumbre misma, por llevar una mochila vacía de información. Nos entregábamos a nuestras luchas de gurisas para que el sueño nos rindiera.

Mi muñeco seguía durmiendo, ajeno a los cambios en su madre. Algo abandonado, no supo llorar o reírse cuando ella, ya con incipientes alas de fragilidad, aprendía a volar picoteando información, animándose a buscarla, saciándose al encontrarla. Mi amiga del liceo compraba todos los meses una revista sobre sexualidad y yo hice lo mismo. Las atesoraba en escondites seguros y en la cama deglutía la información como si comiera el más delicioso manjar. ¡Tal era el hambre!

Cuando comencé el liceo, doce años, mamá aún nos lavaba la cabeza. La ceremonia incluía una pastilla nueva de jabón Bao y un platillo con un limón en mitades para el enjuague, así el pelo quedaba brilloso y suave. Zambullida en agua siempre muy caliente y bajo la presión poderosa de sus manos, ahogada casi con la espuma del jabón, me dijo que no sería raro que un día de esos tuviera la ropa interior manchada de sangre. Que eso era que me estaba desarrollando («¿Y qué era estar desarrollándose?»). Me explicó que encontraría en el ropero lo necesario para proteger mi ropa interior. Me imaginé las piezas íntimas, iguales a las que ella religiosamente extendía al sol cuando se manchaban. Ni comentar con mis amigas del liceo, tan despiertas e informadas, no fuera que el ridículo me comiera el alma. De todas formas sentí haber tenido a mi madre cerca por un instante.

En mi cuerpo de casi niña, me enamoré; me zambullí en el placer del amor solo intuyendo. Ese silencio lleno de sensaciones me empujó a saber que transitarlo me llevaría al supremo destino de mi vida.


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3 comentarios en “Texto seleccionado de octubre (taller de los lunes)

  1. Me encantó el final, porque se nota que la niña que creció logró escapar de esas “cadenas” invasoras.
    Se aprende por imitación y/o antítesis, está bueno verse de afuera, y zafar de lo que no nos gustó, lo que no nos ayudó a crecer!!!

  2. Conozco varias que pasaron por esa “ignorancia” y qué difícil les resultaba! Me recordó conversaciones adultas sobre este tipo de experiencias del pasado y cómo las marcó!Muy bien contado!

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