Texto seleccionado de septiembre (taller de los martes)

El ángel se ha ido

Carolina Temesio

Ha pasado la madrugada olfateando aires, requisando madrigueras e interrogando búhos. No ha dejado que el sueño se le acerque. Antes, pasó horas frotándose el cuerpo con una piedra pulida, en intento pertinaz de alejar las soledades sin nombre que se le hamacaban encima. El eco de un manojo de futuros se le apareció en vigilia, mientras intentaba escurrirse las miradas que lo custodiaban desde la oscuridad. Se ha quedado perdido de fronteras, con las manos mustias de tan vacías y la espalda ardiendo.
Mucho amanecer para este reducto del mundo.
La sospecha entre las hojas se convierte en anuncio que late más allá de la noche en las primeras luces. El cuerpo le vibra con aciertos de paz. Lo que lo mantuvo alerta navegando entre las tinieblas ahora lo conmociona. Le pide tregua, y se la ofrece.
Tiene la piel aceituna, el pelo renegrido, la mirada ágil y desvelada. Se mueve entre la vegetación espesa ahuyentando su propia sombra. Se trepa a un árbol. Observa. Con la boca seca y las manos traspiradas se enrosca y se queda completamente inmóvil. Aprieta la respiración entre la espalda y las rodillas recogidas contra el pecho. Finge hálito de gorrión. Busca. Siente un temblor de ramas. Hay un ángel enorme, abajo, sacudiendo el tronco. Se distrae nuevamente en la búsqueda que le ocupa, pero el ángel enérgico continúa bamboleando el árbol. Se despeja la bruma, se ven los ríos que le interesan. Vuelve al suelo, a plantarse con sus pies planos sobre el colchón de hojas húmedas. El ángel se ha ido. No ha alcanzado a verlo partir, se ha esfumado.
Se mueve rastrero, avanza otra vez, al acecho. Como a la defensiva, como a la caza habitual de lo ignoto. Se asoma y se agazapa. Entonces la presiente. Escucha el canto de su respiración, la fuente habladora de su cuerpo, perfumando los aires amanecidos. Vuelve a las ramas.
Con medio cuerpo fuera del agua, la ve, en baño, como un cisne pardo. Le arroja ramitas para atraerle la mirada hacia los árboles. Ella continúa con sus brazos estirados, sacudiendo absorta el agua, aleteando en figuras únicas con su cuerpo desnudo.
–Vuelve –le grita Adán desde una rama baja.
–No soy Sara, soy Eva –le contesta.
–Sé muy bien quién eres.
–No me he ido. He querido saber si podía pasar la cortina gris de humo de Oriente.
–¿Y cómo te ha ido?
–Se puede.

El ángel se ha ido
El ángel se ha ido
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11 comentarios en “Texto seleccionado de septiembre (taller de los martes)

  1. caro que lindo volver a leerte,no voy agregar comentarios a la larga lista de elogios pues siempre te concidere una cra escribiendo,tus companieros me confirman el palpito ydisfrute de saborear tus letras.
    que ganas de encontrarnos y dejar que el destino nos una otra vez. un abrazo grande para raul y gracias por todo lo vivido.

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