Un taller literario diferente

Ahora sí: ¡arrancaron los talleres de motivación literaria de este año! Esta semana cada grupo ha inaugurado su espacio, hemos charlado sobre los criterios de funcionamiento para ir creando una comunidad en la que prime la confianza entre sus integrantes, y también empezado a traer sobre la mesa algunos temas que seguramente retomaremos a lo largo de este año. Usamos el clásico levreriano “Bajo la lluvia, un hombre con un paraguas se acercó…” para hacer un ejercicio breve, distentido e inaugurar la pluma en conjunto, si bien por ser el primer día la lectura fue sin comentario. Es curioso que el año pasado empezamos el taller de los jueves con este mismo disparador, y prácticamente llovió durante el resto de los encuentros! Les dije a los participantes que estaba emprendiendo un (muy científico, claro) experimento meteorológico, que si este año sucede algo similar prometo llevarlo a alguna institución digna de estudiar semejante invocación infalible al dios Tlaloc. Recuerdo ahora a aquel presidente municipal de Zacatecas que, desesperado por la sequía durante años (vacas muertas, cosechas perdidas) y habiéndolo intentado todo, todo, decidió exponerse al escarnio público y contrató un chamán para que hiciera llover en sus tierras.

Llovió.

Después al chamán lo contrataron de otras ciudades ¿qué iban a hacer? Muchas veces, en México el gobierno ha tenido que declarar zona de desastre a la mitad del país por sequía, en simultáneo con zona de desastre a la otra, por inundación. Un país intenso, de eso no hay duda. En Uruguay la naturaleza y las fuerzas divinas pasan desapercibidas, salvo por el mal clima. Son asuntos humanos -como querer llevar toda la basura acumulada en las casas y tirarla en la puerta de ADEOM- lo que entretiene nuestros calendarios.

Pero, claro, lo que es solución en un lugar no siempre se aplica a otro. También en el DF contrataron a Giuliani para combatir la delincuencia, en vistas a su éxito en NYC. Le pagaron millonadas, pero hasta la delincuencia resulta más ordenada, predecible y bien portada en el Primer Mundo que en Latinoamérica. El pobre se fue cual chamán excomulgado (pero con las arcas llenas, claro).

Una integrante del taller de la tarde señaló atinadamente que este disparador de los paraguas está publicado en la web de Letras Virtuales con varios textos, incluso algunos míos, y es verdad! No lo recordaba. Tengo tres “Historias de la lluvia” en el libro El mar de Leonardi y otras humedades, las tres producto de esta consigna levreriana hace un siglo y medio, y la verdad es que no disimulan para nada su origen pues el disparador está integrado en el texto de una de ellas (un disparate: es preciso “maquillar” si se usa la consigna de un taller). Son jugueteos minimalistas, con traducción al inglés y todo. También hay varios fragmentos seleccionados de las primeras generaciones del taller virtual que llevamos adelante con Levrero desde 2001: “Los mejores paraguas del taller”. Desde luego, a lo largo de los años llegaron muchos, muchos más que merecerían estar allí quizás con mayor derecho, pero estos tienen un valor afectivo, podría decirse. Es hermoso ver la diversidad de estilos de la gente, lo que cada imaginación puede encontrar, los señores con paraguas que transitan en nuestras calles secretas. Eso ya se empezó a ver el lunes y el martes en los tres grupos donde estuvimos lloviznando…

Como parte de “Los mejores paraguas del taller”, también seleccioné un texto de Levrero sobre paraguas, así todos teníamos presencia en esa metáfora lluviosa.

Pues bienvenidos sean, integrantes 2008! Empieza un nuevo viaje, distinto, como todos. Como hasta mediados de año no tendremos “simposios” (esos encuentros de selección, reescritura, evaluación en profundidad y corrección de textos producidos durante el mes, que son los que alimentan esta Bitácora), los visitantes y habitués tendrán que esperar un poco más para leer nuevos relatos. De todos modos, hay muchos y de muy buena calidad de nuestro trabajo del año pasado; seguramente tendrán para entretenerse en el archivo, además de que seguiremos publicando algunas noticias. Durante esta primera mitad del año, en el taller priorizamos la motivación para la escritura creativa, el desbloqueo, el contacto con diversos estímulos literarios; después, ya más firmes, podremos darnos el gusto (o tomar el riesgo, según) de concederle un silla al Crítico/Corrector durante uno de los cuatro encuentros que tenemos cada mes. Pero no más, no vaya a ser que se nos convierta en un convidado de piedra que después causa intimidantes páginas en blanco y espontaneidad castrada con sus ojos pétreos de Medusa.

Ver más:

Los mejores paraguas del taller
(seleccionar del menú EL TALLER)

El mar de Leonardi y otras humedades, de Gabriela Onetto

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