Relato de casa fría: Día primero


Día primero


Vesna Kostelich

Bajó del taxi y no le importó hundir el zapato en la zanja. Levantó la vista y ahí estaba. Ya no era su casa. Aunque fuera el lugar donde vivía desde hacía más de treinta años. No era tan grande, pero le pareció aplastante, todo el gris del mundo sobre su propio gris. Soberbia, imperturbable, gélida; no imaginaba un solo lugar allí en el cual pudiera descansar; pero no tenía otro adonde ir.

La reja cedió de mala gana a la vuelta de llave y la puerta, como un cuervo, la recibió con un graznido.

Atinó a quitarse el abrigo pero volvió a cruzarlo sobre el pecho; adentro hacía más frío que en la calle. Le dio pereza encender la estufa así que se conformó con las cuatro hornallas de la cocina abiertas al tope. El siseo del fuego se disolvió en el silencio al volver a la sala. Todo estaba como lo había dejado, como si el tiempo se hubiese detenido: el costurero sobre la mesita vomitando inmóviles carretes de hilo, las tazas de café medio vacías, las masitas fofas, sin tocar.

Subió las persianas hasta la mitad para restarle oscuridad a la humedad. Pero fue inútil. La helada parecía haberse colado por los cimientos.

Se sentó en la silla de cuerina con las piernas juntas y las manos sobre las rodillas, como si estuviera de visita. Todo estaba igual y sin embargo, ella era otra.

La mancha de humedad en la pared le recordó vagamente su vida hasta entonces. Casi pegado al cielorraso, reconoció el rostro verde oscuro con el cuerno como algo propio pero muy distante.

Desde la cocina, la caldera empezó a chillar ridículamente enfurecida. Se levantó de un salto y corrió a apagarla como si quisiera evitar que alguien se despertara con el escándalo. Pero estaba sola en la casa.

Lentamente, robándole un gesto al pasado, empezó a vaciar la yerba dura y negra del mate viejo.

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2 comentarios en “Relato de casa fría: Día primero

  1. Me pareció muy buena la descripción que si, hace fría la casa o tal vez sea por la distancia que pone en sus recuerdos de la escritora.

  2. Un cuento al que no le sobran palabras, justo, medido, también hermético. Lo releí tres veces seguidas, de principio a fin, y con avidez. Me gustaría, necesitaría, leer la continuación. Intuyo la gran tristeza, el shock emocional de la protagonista, pero me faltan datos para darle a ella un lugar dentro de mí.

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